Mañana, 8 de Marzo de 2019, voy a hacer huelga. Voy a unirme a la convocatoria de millones de mujeres que reclaman la aplicación real de los mismos derechos de ciudadanía que ya disfrutan los hombres.

Cuando yo nací, en 1947, las mujeres carecían de derechos, en la práctica eran consideradas menores e incapaces permanentes. La mayoría de edad de las mujeres se fijaba en los 25 años, en 21 para ellos, pero llegadas a esa edad, ellas pasaban a depender del padre o del marido, si lo tuviera. Hasta 1972 las menores de 25 años no podían abandonar el domicilio familiar sin permiso del padre, salvo para entrar en el convento o para casarse. Si estaba casada no podía disponer de su propio dinero, ni viajar, ni tomar decisiones sobre su propia existencia, sin la preceptiva licencia marital, licencia que estuvo vigente hasta 1975.

Por entonces todavía el domicilio conyugal era “la casa del marido”, las agresiones sexuales eran “delitos contra la honestidad” y el violador se libraba de cualquier reproche penal solo con que la víctima lo perdonara o con casarse con ella. Por supuesto, el aborto estaba penalizado y hasta 1978 estuvo prohibida la fabricación, publicidad, venta o consumo de cualquier método anticonceptivo. Hasta 1963 padres y maridos podían matar a sus hijas o esposas si las sorprendían en adulterio y hasta 1970 el padre podía dar en adopción a sus hijos sin necesidad de consultarlo con su mujer.

Las familias que podían hacerlo “daban estudios” a sus hijos varones, procurándoles un futuro laboral confortable. Solo a partir de los años 60 las mujeres empiezan a acceder a los estudios superiores. Las salidas laborales para ellas eran muy limitadas pues hasta 1961 se mantuvo la excedencia forzosa del trabajo cuando la mujer se casaba. Además, si eras mujer no podías ser registradora, ni notaria, ni ejercer muchas otras profesiones, ni siquiera empleada de banca si estabas casada.

Hasta 1981 -cuando el dictador llevaba seis años difunto- no se equipararon jurídicamente los cónyuges, tanto en el régimen económico como en la titularidad de la patria potestad sobre los hijos. Hasta ese año no se aprobó el divorcio y hasta 1985 no se reguló el aborto, y esto, con la oposición enconada de los grupos religiosos y conservadores. Hasta 1999 no se modificó el Código Penal y la Ley de enjuiciamiento criminal para perseguir a los maltratadores. Hubo que esperar hasta el año 2000 para ver que las mujeres podían presidir el Congreso y el Senado, hasta el 2002 para encontrar una magistrada en el Tribunal Supremo y hasta 2004 para que una mujer presidiera el Tribunal Constitucional.

A las mujeres nos ha costado mucho romper esas y otras barreras, pero el mundo -la organización del tiempo, el mercado de trabajo, los cuidados familiares- sigue hecho a la medida de ellos. Las mujeres siguen cobrando menos por el mismo trabajo, añadiendo horas de trabajo en el ámbito doméstico, haciéndose cargo del cuidado familiar, padeciendo una violencia insoportable por parte de hombres que no entienden que ellas no son parte de su patrimonio personal sino seres autónomos e independientes.

En medio siglo España ha dado grandes pasos en el reconocimiento de los derechos civiles. A finales de 2004 se aprobaba la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género; en 2007 entraba en vigor la Ley Orgánica para la igualdad efectiva de mujeres y hombres. Son avances, pero insuficientes si no van acompañados de un cambio de actitudes sociales, de educación, si la igualdad legal no va acompañada de la igualdad real.

El 8 de Marzo de 2018 las mujeres salieron a la calle a decir que ya estaban cansadas de esperar y de aguantar tanta discriminación y tanta violencia. El movimiento fue tan descomunal que algunos hombres se sintieron amenazados, convirtiendo al feminismo en su enemigo y dirigiendo contra las feministas una campaña de descalificaciones e insultos.

Ahora vuelven los herederos ideológicos de quienes dictaron aquellas leyes netamente machistas y sostuvieron las normas que estaban vigentes cuando nací. Sostienen sin complejos que los derechos que con tanto esfuerzo hemos ido conquistando las mujeres son privilegios que no nos corresponden, que nuestro lugar natural es el ámbito doméstico y que ellos saben lo que nos conviene.

Esta avalancha de conservadurismo rancio y meapilas tiene el mismo aire que respiré de niña. El aire de aquella España exclusiva y excluyente, que tan certeramente describió don Antonio Machado: «Esa España inferior que ora y bosteza, / vieja y tahúr, zaragatera y triste; / esa España inferior que ora y embiste, / cuando se digna usar la cabeza, / aún tendrá luengo parto de varones / amantes de sagradas tradiciones / y de sagradas formas y maneras.«

No es esa la España que quiero para mí, para mis hijas ni para mi nieta. Por eso hago huelga. Porque quiero vivir en un país donde haya lugar para todos, un país donde prime la inteligencia sobre la fuerza y el razonamiento sobre el insulto. Un país de ciudadanos iguales, cualquiera que sea su lugar de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, según reza la Constitución vigente.

No reclamo ningún privilegio, no quiero ventajas, quiero vivir con los mismos derechos de mis compañeros hombres. Ni más, ni menos.

2 thoughts on “8-M: yo también hago huelga”

    1. Ana, siempre una alegría saber que estás ahí, al otro lado del tiempo

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